Vos, yo, quemándonos

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Lo he escrito con los dedos ensangrentados de tanta derrota interna, donde la desolación de la inmadurez hacía de la idiotez una verdad venenosa en la punta de un cerebro que estallaba en lamentos surrealistas e irreales.

 

Expresado y escrito jugando con el límite de las palabras y creyendo que con ellas me salvaba, de sentirme menos angustiado, con derecho a todo por apología de un dolor magnificado en la miopía del auto justificarse.  

 

Las palabras tienen un poder y un significado en el contexto de un momento exacto. Armarlas para expresarse en un estado de ebullición interna, tienen el don de lo contradictorio, caprichosa relación entre sentimiento, rebeldía y creencia, para que las mismas se desvanezcan o nazcan con un nuevo significado en el mismo instante que son ya pasado y prosa escrita.

 

No todo silencio es un vacío, ni todo beso es cariño, los matices son las velas de una llama que te ilumina o te quema. Pero hay verdades y certezas. Amar es libertad, matar por amor, no es amar, no es amor.

 

Y el relato empieza con esa premisa, pero expresando todo lo contrario.

 

Queda luego razonar lo escrito. Sin cambiarlo. Para aceptar eso sentido, expresado, extremo e interno. Lo bueno y lo malo. Lo destructivo y lo bello de un relato escrito bajo algún suburbio del alma.

....

Los otros cuentos, son vuelos de palabras navegando historias sobre burbujas de un árbol de patio trasero, algunas, pintadas de infancia, otras, simplemente imaginadas.