y sucedió...

Un dorado fantástico paraíso en tu figura,

una celestial imagen en cristales de tu mirada,

una silueta profunda forjada de brisas frescas y lejanas,

una torturada forma de sentir que no sos nada,

unas manos tan pequeñas como el infinito,

dos vertientes tan dulces cayendo entre tus hombros,

tus ojos verdes en fruto maduro de inocencia,

miel de sirenas por tu espalda abrazan las burbujas de los ensueños,

pétalos aterciopelados en la flor de tus labios,

un embrujo de los antepasados en tus pies,

un camino tan tibio que quema al emprender,

un delirio tropiezo de la inconsciencia del mirarte.

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